Comunicado: Reflexión de Novact ante el atentado en Barcelona

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Barcelona ciudad de paz: trabajamos para la prevención de todos los extremismos violentos

La violencia que cada día vemos y vivimos en Siria, Palestina, Irak, Túnez, Libia, Turquía, Francia, Bélgica y tantos otros lugares … hoy nos ha tocado de cerca. Aún con informaciones parciales, pero profundamente conmovidos y entristecidos, nos sentimos muy cerca de las víctimas mortales y los heridos de los atentados en Barcelona y en Cambrils y queremos mostrar nuestro afecto y apoyo a todos sus familiares, amigos y amigas. Trabajaremos para acompañarlos de la mejor manera posible con todos los recursos públicos y privados de ambas ciudades y del país.

La consternación por este trágico hecho debe ser igual de intensa que la condena al terror, el odio y la intolerancia que los perpetradores de la violencia pretenden imponer. Barcelona, como todo el país, es una ciudad abierta, tolerante y acogedora que en ningún caso sucumbirá a las intenciones de los que promueven el extremismo violento. Los que quieren sembrar el odio y el terror, encontrarán nuestra reafirmación en los valores de la paz, los derechos humanos y la democracia.

La rabia y la impotencia que hechos como éste nos despiertan, no nos deben hacer caer en la trampa de responder al odio con más odio. También hoy, y desde la herida aún reciente, nos reafirmamos en la convicción de que la violencia y la intolerancia no pueden ser la respuesta al terror actual. Es necesario que el miedo no sea un arma para fomentar la xenofobia y el racismo. Por ello, no podemos caer ni legitimar ningún discurso de odio que algunos sectores querrán imponer, especialmente hacia la comunidad islámica de Barcelona y Cataluña o hacia los refugiados y refugiadas. La comunidad islámica ha manifestado su condena a estos ataques, y los refugiados y refugiadas se ven forzados a marchar de casa justamente para huir del mismo extremismo violento que hoy nos ha golpeado. Estamos todos en el mismo bando: el de la condena al odio, la intolerancia y la violencia.

Asimismo, recordamos que en las pasadas décadas, nuestros gobiernos han buscado una solución al extremismo violento sólo en un conjunto de medidas antiterroristas basadas exclusivamente en la acción policial, y también militar, seguridad y la limitación de nuestros derechos y libertades. En nombre de la lucha contra el terrorismo, hemos observado un uso extensivo del poder policial y la adopción de un arsenal legal represivo que ha sido responsable de dramáticas violaciones de derechos humanos, de guerras, de bombardeos de la población civil con un creciente sufrimiento en todo el Mediterráneo.

Barcelona debe ser capaz de ofrecer mejores soluciones al reto de hacer frente a todo tipo de terror que hoy vivimos. Y más allá del dolor y de lo que nos parece un absurdo, hay que preguntarse qué puede impulsar a alguien a hacer un acto como este. Sin encontrar las respuestas acertadas, sin combatir las condiciones estructurales que pueden provocarlo, no encontraremos los medios para evitar nuevos.

En enero de 2017, más de 172 organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales de 22 países de todo el Mediterráneo nos reunimos en Barcelona para discutir cómo podíamos trabajar juntos en la prevención de los extremismos violentos.

El resultado fue el “Plan de Acción de la Sociedad Civil para prevenir todas las formas de extremismo violento“.

Este Plan que ofrece 10 objetivos y más de 90 acciones, supone un esfuerzo sin precedentes para reconciliar la visión de la sociedad civil de las orillas norte y sur, este y oeste del Mediterráneo. Consideramos que sólo una asociación transnacional, dialogante y ciudadana, puede ayudarnos a establecer una vía efectiva hacia la prevención de todas las formas de extremismo violento, sean de individuos, de grupos o de estados.

El mundo se solidariza con Barcelona y es nuestra responsabilidad contribuir a frenar la barbarie, ofreciendo un camino de compromiso con los valores de la paz, la democracia y los derechos humanos.

* Imagen de portada 
SERGIO PEREZ (REUTERS)