2 de Noviembre de 2017. De la Declaración Balfour a la actual complicidad internacional con Israel.

Author: AlJazeera.net

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Júlia Fernández // El recuerdo está siempre presente en la memoria de aquellos que han sufrido la opresión, la violencia, la pérdida, el espolio, la huida, la represión, la injusticia, la desposesión. El dolor puede ser recordado cada día para alimentar la resistencia de aquellos que siguen enfrentándolo a diario i hacer crecer la energía que permite impulsar nuevos cambios. Sin eludir, por lo tanto, la importancia de recordar todos los días lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo en Palestina, aprovechamos este año que la ocupación israelí ha sembrado de lamentables efemérides para señalar la suma de los años de impunidad del Estado de Israel y la contribución internacional en el mantenimiento de su status quo. Hoy se cumplen cien años de la firma de la Declaración Balfour entre el imperio británico y el sionismo, pero también hace 69 años de la catástrofe, la Nakba que da nombre a la expulsión de más de 700,000 palestinos de sus territorios y al inicio del genocidio palestino por parte del sionismo. Este 2017 recuerda así mismo los 50 años del inicio de la ocupación de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este y la subyugación de sus poblaciones al dominio militar tras la Guerra de los Seis Días; y conmemora el décimo aniversario del bloqueo militar israelí en la Franja de Gaza, donde mantiene una terrible crisis humanitaria hasta hoy.

Coincidiendo entonces este 2 de noviembre con el centenario de la alianza británico-sionista que dio lugar, durante la Primera Guerra Mundial, al inicio del colonialismo sionista y a una política de apoyo británico a Israel que se mantiene hasta hoy, aprovechamos para poner sobre la mesa el papel que jugaron las potencias occidentales en el compromiso que se reflejó en la Declaración Balfour el año 1917 y en las devastadoras consecuencias que este hecho ha causado en el territorio y la población palestina, especialmente recordadas este año.

Hoy hace exactamente cien años, el Imperio británico de entonces firmaba una declaración histórica en su política exterior al establecer un compromiso con el sionismo político. Considerando favorable el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, Balfour abrió la puerta, si bien de forma más simbólica que con un estatus legal, a la colonización, la desposesión, el expolio, la segregación y la violación sistemática de los derechos humanos en Palestina. Si bien la declaración no estaba dotada de validez jurídica, configuró el marco necesario para que el movimiento sionista, exagerando su significación, se aferrase a él como documento fundacional y justificase el establecimiento de Israel en Palestina.

La carta de la cual la primera ministra británica, Theresa May, instaba este mismo año al resto de la población del país a sentirse orgullosa, constituyó en realidad el primer reconocimiento de una potencia mundial –colonial- de los derechos de los judíos sobre la tierra de otro pueblo, convirtiéndose en una poderosa herramienta de propaganda sionista y en la instrumentalizada justificación de la catástrofe (Nakba) que resultó de forma deliberada en la masiva expulsión de la población no judía de Palestina el año 1948, necesaria para la creación de aquél hogar nacional de mayoría judía. Balfour fue, en definitiva, el elemento fundamental que instauró las bases, incorporadas al Mandato Británico en Palestina el 1922 y aprobadas por la Liga de las Naciones, a partir de las cuales el sionismo estableció, a costa de las libertades y los derechos del pueblo palestino, la estructura fundacional de lo que actualmente es el Estado de Israel.

Ante una larga lista de resoluciones de las Naciones Unidas que condenan la actuación de Israel sobre Palestina desde el año 1947 hasta la actualidad y que exhortan al cumplimiento del derecho internacional, el estado judío sigue ejerciendo, al abrigo de una sólida complicidad internacional, una ocupación militar y una política de apartheid sobre la población palestina.

La política de expansión territorial y de asentamientos judíos ilegales en tierra palestina, la negativa a permitir el retorno de los refugiados, la construcción del muro y el férreo control del movimiento, la destrucción de casas palestinas y el expolio de los recursos, las detenciones indiscriminadas, el bloqueo y los ataques contra los civiles en Gaza, las torturas a los presos o la violencia exacerbada e indiscriminada contra la población civil en todos los territorios son algunos ejemplos de actuaciones por parte del estado israelita que han sido objeto de desaprobación y protagonistas de numerosos dictámenes de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que han sido deliberada y sistemáticamente ignorados hasta hoy en día, poniendo en evidencia el desinterés de Israel por el cumplimiento de la legalidad internacional.

El reconocimiento de las aspiraciones sionistas sobre Palestina en perjuicio de una población local mayoritaria el año 1917 se traducen hoy en día en el mantenimiento de alianzas históricas, en los silencios cómplices o la indiferencia del resto del mundo hacia un estado ocupante, opresor y represor que omite las exigencias, demandas y condenas que la ONU sigue dirigiéndole a fin de que detenga la violencia y las vulneraciones sistemáticas a los derechos humanos del pueblo palestino. La injusticia histórica y la continuada opresión y desposesión que sufre el pueblo palestino bajo la ocupación israelí apelan de forma ineludible a las altas esferas que dotaron de validez la alianza de 1917 y a todos los cómplices actuales que toleran y favorecen las consecuencias de la misma, a reconocer su responsabilidad en la realidad actual del territorio. Cien años después de Balfour, la comunidad internacional tiene el deber de exigir disculpas, reparaciones y el cumplimiento de la legalidad internacional a Israel.

Más información: http://www.balfourproject.org/ y http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=66085