Resistencia noviolenta 30 años después de la Primera Intifada Palestina

No todas las efemérides que celebra el 2017 en relación con el colonialismo de Israel en Palestina conllevan una connotación tan negativa como el centenario de la declaración Balfour, los 70 años de la Nakba palestina o el 50 aniversario del inicio de la ocupación, además de la reciente declaración de Donald Trump, a través de la cual el gobierno de los Estados Unidos reconoce la ciudad de Jerusalén como capital del Estado de Israel, reafirmando el peso ineludible de su papel en la colonización de Palestina y cerrando la puerta a cualquier acuerdo para una paz justa y sostenible. Hoy hace treinta años que la sociedad palestina se alzó en una rebelión masiva contra la ocupación israelí de sus territorios y las décadas de opresión a su población, poniendo de manifiesto la existencia de un pueblo dispuesto a hacer frente a la violencia y la injusticia desde la desobediencia civil y la acción social noviolenta; y es precisamente este hecho el que hoy queremos recordar y celebrar, desde aquí y desde Palestina.
En estos días en los cuales la sociedad civil palestina rememora el movimiento de resistencia popular que protagonizó la Primera Intifada, el atentado de Trump a toda posibilidad de conseguir una paz justa para Palestina –incluso a la solución de los dos estados- pone sobre la mesa la ineludible victoria del imperialismo en la región, sometiendo a la población a una nueva espiral de violencia y a la brutal represión de las fuerzas de Israel. Cuatro muertos y más de un centenar de heridos son el precio que han pagado hasta día de hoy las protestas de la sociedad civil, la mobilización de las jóvenes palestinas que han salido a las calles a manifestarse contra el asentamiento del estado colonial que reafirma la declaración de Jerusalén como capital del Estado de Israel.
El levantamiento popular que hace tres décadas desafió la continuidad del status quo colonialista y aportó una legitimidad inédita a la causa palestina constituyó un movimiento cohesionado y solidario que se articuló entre 1987 y 1990 alrededor del trabajo de los comités populares que se habían ido consolidando durante los años anteriores. Las múltiples estructuras de resistencia civil noviolenta, presentes ya anteriormente al estallido de la revuelta y simultáneos a las acciones violentas de los años sesenta y setenta, aportaron el carácter masivo, generalizado y organizado desde la base que hizo posible el sostenimiento del levantamiento popular en todos sus ámbitos y niveles de la movilización política y la acción social. Las huelgas de comerciantes y el boicot a los productos israelíes, la renuncia a pagar las tasas, el incumplimiento de las órdenes militares, la construcción de estructuras alternativas –y a veces clandestinas- de autogestión, auto-abastecimiento y sostenimiento comunitario (vinculadas a la educación, el trabajo o la salud) y diversas formas de protesta y de manifestación pacífica protagonizaron la rebelión popular que dio nombre a la Primera Intifada palestina.
El Estado de Israel aplicó brutales medidas de represión a la revuelta con el objetivo de desarticular la amplia base popular que había creado, sin el uso de las armas, una contra-autoridad a las fuerzas de la ocupación. Arrestos y detenciones, cierre de escuelas y universidades, toques de queda, criminalización de la pertenencia a los comités de base, deportaciones, heridos y más de dos mil palestinos asesinados fueron el precio del levantamiento popular que demostró de qué forma la noviolencia podía controvertir/poner en tela de juicio ante el mundo las prácticas colonialistas y opresoras de Israel.
En efecto, si bien la retórica de la violencia y la lucha armada han adquirido un mayor protagonismo a lo largo del movimiento nacional palestino, la resistencia civil noviolenta ha contribuido de forma mucho más notable a lo largo de los años a generar cambios y mejoras en el reconocimiento de los derechos en Palestina, así como a favorecer la cohesión social de las comunidades y a generalizar e incrementar la participación de los distintos sectores y colectivos de la sociedad en estrategias inclusivas y diversas de desobediencia civil y acción social contra las estructuras de opresión y los abusos a los derechos humanos. De hecho, tras las devastadoras experiencias que conllevaron los acuerdos de Oslo y la violencia que protagonizó los primeros años del milenio, el uso de estrategias de resistencia noviolenta como forma de lucha para la liberación nacional y social de Palestina ha vuelto a adquirir un fuerte impulso entre la sociedad civil, y puede constatarse un resurgir de prácticas de transformación social y política desde finales de la Segunda Intifada y durante la última década.
25286910_1450815091653652_1662036942_nSi bien actualmente el movimiento de resistencia noviolenta no se beneficia de las condiciones de popularidad y participación masiva como las que caracterizaron la Primera Intifada, los cambios y transformaciones ocurridas en el contexto político a nivel nacional no han impedido la persistencia de un sólido tejido de organizaciones y movimientos sociales de base, que se inscriben en propuestas e iniciativas de ésta índole para contribuir a la movilización civil, a la gestación de iniciativas diversas de acción colectiva enfocadas hacia la lucha contra la ocupación y el régimen de apartheid israelí y hacia la generalización de una cultura de defensa de los derechos humanos.
Hoy, treinta años después del inicio de la Primera Intifada y ante las crecientes olas de ataques a los derechos y las libertades de la sociedad civil –en Palestina y en todo el mundo- consideramos inapelable celebrar la noviolencia como estrategia legítima de acción social y de movilización política, como práctica de transformación pacífica de las estructuras de opresión y de injusticia y en defensa de los derechos y las libertades fundamentales de las personas y los pueblos.
Últimamente hemos visto emerger numerosas iniciativas de resistencia noviolenta y de desobediencia civil mediante las cuales la población se ha organizado y se ha movilizado contra la represión y el ejercicio abusivo e indiscriminado de la violencia de los Estados, denunciando las flagrantes violaciones cometidas a los derechos humanos y la perpetuación de las garantías de impunidad que aseguran la persistencia de los regímenes opresores.
Las efervescencias colectivas que han llenado las calles de manifestaciones pacíficas y demostraciones de poder popular durante los últimos años, desde el 15M y las Primaveras Árabes, pasando por el Black Lives Matters en los Estados Unidos, y hasta las movilizaciones ciudadanas en el Estado español contra la criminalización del derecho a la protesta, contribuyen a despertar un interés per aproximarnos un poco más a las experiencias de resistencia noviolenta que han protagonizado, en otros momentos de la historia, la lucha de otros pueblos contra la opresión, la injusticia y la vulneración de los derechos humanos.
Hoy es un buen momento, al hablar de las movilizaciones que estos días llenan las calles en la Franja de Gaza y en Cisjordania, para recordar la capacidad de resistencia de la población palestina. A pesar de la actual fragmentación de la sociedad civil de los territorios ocupados, a pesar de la desesperación y la desesperanza que genera la continuidad de la colonización de Palestina, hoy es un buen momento para recordar la legitimidad de la resistencia noviolenta como referente del pueblo palestino para seguir luchando por la justicia y la libertad.
Hoy queremos celebrar la Primera Intifada como ejemplo para las generaciones de jóvenes palestinas, que se organizan y se manifiestan estos días contra las fuerzas de la ocupación.

Para saber más:

– Sobre la noviolencia (I)
– Sobre la noviolencia (II)
-Sobre el rol de les mujeres en la Primera Intifada
Película ”The wanted 18”