Entrevista: Hablamos con Grygorii Sorochan de OPORA-Ucrania: “La Revolución Naranja no fue suficiente”

Felipe Daza // NOVACT abre su área de acción a la región del Este de Europa y Cáucaso. Una región que ha vivido algunas de las revoluciones noviolentas más masivas y eficaces de los últimos años. Por ejemplo, el movimiento Otpor contra Milosevic en el 2000 (Serbia), la revolución Rosa contra la corrupción política del presidente Eduard Shvardnadze en 2003 (Georgia) y la revolución naranja contra el fraude electoral de las elecciones  presidenciales de 2004 (Ucrania).

A pesar de una clara influencia exterior, hoy, aquellos que ocuparon las plazas son conscientes de su rol en la sociedad civil y la importancia de desarrollar cambios estructurales en la sociedad que pasen por la auto-organización y el desarrollo de una cultura democrática basada en la confianza y la tolerancia entre sus ciudadanos y ciudadanas.

En este marco, el pasado 7 de octubre NOVACT participó en un encuentro de jóvenes activistas en Chernivtsi, al sur oeste de Ucrania, para identificar potenciales partners. Uno de ellos ha sido el grupo OPORA formado por activistas y organizadores de la revolución naranja. Grygorii Sorochan, uno de los coordinadores de OPORA en la región de Chernivtsi, nos brinda esta entrevista.

¿Quién eres  y cuál es tu posición?

Soy Grygorii de Chernivtsi, una ciudad en el oeste de Ucrania. Soy un activista de la de la red ucraniana OPORA. Traducido al inglés es algo parecido a la base y parece que traducido al árabe es Al Qaeda. No teníamos ni idea, pero parece que es esa la traducción.

¿Qué sucedió en Ucrania en 2004?

Para hablar sobre lo que pasó en esos años, debo hacerlo a través de mi experiencia. En aquella época era estudiante de último curso en la universidad. En aquel periodo los ciudadanos de Ucrania teníamos que elegir entre dos opciones: orientarnos hacia el modelo de Rusia o bien acercarnos a la Unión Europea y los valores de la civilización occidental. Todo estaba basado en expectativas de acuerdo con los diferentes grupos de poder en Ucrania. Esta decisión debía tomarse a través de las elecciones de 2004.

La mayoría de los ciudadanos querían tomar la opción europea, así que los sectores pro-rusos intentaron influir en este posicionamiento e incluso algunos grupos afirmaron que la decisión de la mayoría no era suficiente para acercase a la Unión Europea.

La situación llevó un flagrante fraude electoral que daba la victoria al candidato pro-ruso Viktor Yanukovych. Esto desencadenó la Revolución Naranja. Aunque ahora le llamamos revolución entre comillas. No era una revolución, sino algo así como una expresión de un sector importante de la población, no de todo el país.

Después de un tiempo hemos comprendido que la Revolución Naranja no fue suficiente. Debemos trabajar más y es por esa razón actualmente sigo trabajando para hacer de este país un lugar mejor.

¿Qué motivos te llevaron a unirte en la Revolución Naranja?

Como he comentado, era estudiante de quinto curso en la universidad, y aunque estaba interesado en política, era un ciudadano común de Ucrania. Cuando todo comenzó, conocí a un activista de mí misma edad. Era un activistas del grupo PORA [es el momento], el momento de hacer algo.

Me interesé por este grupo y al cabo de unos días organicé una reunión  en una pequeña ciudad de la región de Chernivtsi para informar a la gente de la situación y de lo que podría pasar durante las elecciones. Fui con ellos y formé parte de estas actividades, pero en el camino de vuelta la policía nos detuvo durante varias horas por orden directa de un líder político local. Un shock para mí porque era un ciudadano normal, no estaba haciendo nada, solo estaba repartiendo panfletos con información no muy radical. A partir de este momento comencé a ser más activo en la organización. Fui observador en las elecciones de mi ciudad y en otros lugares del sur del país. Después del 2004, este grupo se reorganizó en la red civil OPORA y desde ese momento trabajo en ella.

¿Qué tipo de gente tomó las calles?

Básicamente gente joven, de mi edad. Entre 18 y 23 años. Hoy son ellos los que forman parte de OPORA. Nos hicimos amigos, y después de 10 años de trabajo cada vez estamos más unidos.

Durante este tiempo hemos hablado con gente de diferentes edades. Sin embargo, con la generación de nuestros padres es difícil hablar, porque han vivido en la época de la Unión Soviética y eso les ha influido mucho.

¿Cuál es la conclusión principal de la Revolución Naranja?

Los dos meses de trabajo no fueron suficientes, no fue suficiente tomar las plazas, no fue suficiente expresar nuestra elección y no fueron suficiente las elecciones para lograr la democracia. No debemos ser solo activos durante las elecciones, o en los momentos de mayor tensión política, tenemos que ser activos siempre, cada día. El problema fue que la gente tomo las calles durante un mes, y luego volvieron a casa y no hicieron nada. Se quedaron esperando a que alguien hiciera algo por ellos. Cuando fue evidente que Yushchenko no podía mejorar la situación, hubo una frustración colectiva.

En 2010, Viktor Yanukovych, el oponente de Yushchenko en 2004, fue elegido presidente y se tomo la revancha hacia todo el sistema. Y honestamente, fue elegido en una elecciones limpias. OPORA realizó la observación electoral de ese proceso y podemos decir que fue un proceso “limpio”.

La Revolución Naranja es considerada una de las revoluciones noviolentas más importantes, pero ¿qué piensa hoy la gente en la calle sobre la noviolencia?

Para los ucranianos los movimientos noviolentos eran algo nuevo porque no teníamos práctica. Estas tácticas fueron traídas desde fuera. Igual que nosotros, existían otros grupos que trabajaron contra el fraude electoral en otras esferas, pero al final estábamos todos coordinados. Antes de los eventos de 2004, se organizaron diferentes formaciones en tácticas noviolentas y nos coordinamos principalmente con el movimiento noviolentos Otpor de Serbia y Camara. Pero, también existía un miedo de que las cosas fueran mal. La policía estaba lista para usar las armas.

Aún así, la acción noviolenta fue exitosa por dos motivos: por una parte, fue masiva, creo que si hubiera habido menos gente en la calle, la policía hubiera utilizado la violencia. Y por otra parte, el nivel de organización de la gente en Kiev y en otras ciudades del país era muy alto. Algunos participaban en las acciones en sus pueblos y, al día siguiente, participaban en las manifestaciones de Kiev. Estos eventos mostraron a los ucranianos/as que la gente puede influir en los cambios políticos, no a través del poder y el gobierno, sino a través de la auto-organización popular.

Ahora en Ucrania las acciones noviolentas continúan, aunque no son masivas como en 2004.

¿Cuáles son los principales retos de la sociedad civil ucraniana?

El principal objetivo es mejorar la calidad de vida, aunque no implique democracia. Por eso, algunos grupos estarían a favor de “mano dura”. Los ucranianos/as no viven muy bien si los comparamos con los estándares europeos.

Hoy Ucrania se encuentra en una situación de elección, estamos entre dos bloques. Pero se dice que no es bueno elegir entre una cosa u otra, ya que hay personas que tienen buena relación con Rusia y quieren, también, tener buenas relaciones con EEUU. El problema es que no somos un país fuerte para poder decidir unilateralmente y, además, Rusia está ejerciendo una gran influencia porque en noviembre se decide la adhesión de Ucrania a la Unión Europea, en Vilnius (Lituania). Está poniendo en marcha a la iglesia ortodoxa, a grupos radicales, a medios de comunicación y una estrategia de relaciones públicas para influir en los grupos ucranianos. En términos económicos, por ejemplo, no permiten a vehículos ucranianos entrar en Rusia con productos de nuestro país, existe un conflicto por el recurso del gas, etc.

En este marco ¿cuál es el rol y el objetivo de OPORA?

Trabajamos en diferentes esferas. La principal es observación electoral, pero también trabajamos en educación. En este tema de la elección entre el modelo ruso o el de la Unión Europea, nuestro objetivo es activar a los jóvenes y crear mentes abiertas, usando diferentes instrumentos para crear jóvenes líderes. Creemos  que cuanta más gente de este tipo tengamos, mejor será nuestro país, mejor será la decisión tomada.

¿Qué planes tenéis para las elecciones presidenciales?

Vamos a observarlas de forma amplia y monitorear la conducta de los partidos políticos.

¿Qué tipo de relaciones de solidaridad queréis establecer con organizaciones de la sociedad civil europea y otras regiones del mundo?

En la medida que OPORA es una organización perro-guardián de la sociedad, estamos muy interesados en Europa. Así, por el momento, estamos trabajando con redes de Polonia. También estamos interesados en comunicarnos con  organizaciones de Turquía y Georgia, debido a sus experiencias.

La cultura y literatura eslava es conocida por saber soñar, me gustaría saber ¿cuál es su sueño para Ucrania?

Depende del periodo y el tipo de cambio del que hablamos. En términos económicos, en 10 años quiero ver a Ucrania como a Turquía: un país que ha tenido un gran desarrollo. En términos de calidad de vida,  como los estados del norte de Europa. En términos culturales, quiero ver a Ucrania tal como es hoy. Tenemos una cultura rica y no quiero cambiar como en otros países, donde se ha perdido esta componente cultural. Si hablamos de libertad, quiero ver a una Ucrania más democrática, pero no solo a nivel de elecciones, sino con personas que se organizan a nivel local y nacional para resolver sus problemas. Los problemas se solventan desde la raíz, no desde arriba.

Por tanto, mi sueño para Ucrania es la autoorganización, estructuras locales y solución de problemas de abajo a arriba. Es un reto para nosotros encontrar el entendimiento entre vecinos y vecinas, el que se organicen en comunidades para resolver sus propios problemas.  En Ucrania la gente perdió esta oportunidad y debemos recuperarla.

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