Poner fin a la complicidad: un momento decisivo para el derecho internacional, la democracia y la paz
A la luz de la extrema fragilidad del actual alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, y de la persistente impunidad de Estados Unidos e Israel en la ejecución de ataques militares, el Instituto Novact de Noviolencia expresa su profunda preocupación por la acelerada erosión del derecho internacional y considera que este es un momento decisivo para que Europa ponga fin a su complicidad con los graves crímenes que se están cometiendo.
El colapso de las negociaciones no es solo un revés diplomático; refleja una falla sistémica más profunda y evidencia la volatilidad del momento actual. Disipa cualquier ilusión de estabilidad y hace imprescindible que la Unión Europea ponga fin a su complicidad con la guerra —y con quienes la perpetran— antes de que la ventana para la diplomacia se cierre por completo.
Lo que estamos presenciando no es una crisis aislada, sino un cambio más amplio en el orden global. Nos encontramos en una encrucijada marcada por una “poliguerra”, caracterizada por políticas de rearme, deriva autoritaria y conflictos interconectados. En distintos contextos, líderes autoritarios prometen orden y seguridad mientras restringen derechos, construyen enemigos y debilitan las instituciones democráticas. La espiral de la guerra —desde los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano hasta la agresión de Rusia en Ucrania y el genocidio continuado de Israel en Palestina— señala una crisis profunda del sistema internacional. La guerra vuelve a normalizarse como herramienta política, produciendo únicamente muerte, opresión e inseguridad.
Una crisis humanitaria de magnitud alarmante
La agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, llevada a cabo durante negociaciones nucleares en curso, marca —una vez más— un precedente peligroso. Es la segunda vez en menos de un año que Irán es atacado en pleno proceso diplomático, socavando los fundamentos mismos de las negociaciones de buena fe y de la resolución pacífica de conflictos recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Los ataques han provocado la muerte de figuras políticas y de alrededor de 2.000 personas, incluidas más de 160 niñas. Lejos de lograr un cambio de régimen, estas acciones han alimentado la escalada regional, incluyendo ataques iraníes contra bases estadounidenses, interrupciones en el estrecho de Ormuz y ataques contra infraestructuras civiles críticas, como plantas desalinizadoras, con consecuencias de gran alcance para la seguridad energética global, la inflación y los sistemas alimentarios.
Esta escalada debe entenderse en un contexto más amplio de violencia y represión sistémica. La población iraní ha sufrido durante décadas graves violaciones de derechos humanos por parte de su propio gobierno. Sin embargo, como han subrayado reiteradamente expertos internacionales en derechos humanos, la protección de la población civil y la prohibición del uso ilegal de la fuerza no son principios condicionados. El derecho internacional no puede aplicarse de forma selectiva ni instrumentalizarse. Las violaciones de un actor no justifican las de otro. En este contexto, determinadas acciones llevadas a cabo por Irán —incluidos ataques contra objetivos civiles, buques comerciales e infraestructuras indispensables como las plantas desalinizadoras— pueden constituir graves vulneraciones del derecho internacional humanitario y, en algunos casos, crímenes de guerra. Defender la universalidad del derecho internacional es esencial para evitar la normalización de un ciclo de impunidad que pone en riesgo creciente la vida de la población civil.
En Líbano, las operaciones militares israelíes han obligado a más de un millón de personas a huir de sus hogares. Desde marzo, más de 1.888 personas han sido asesinadas, incluyendo 130 niños, 102 mujeres y 57 trabajadores sanitarios. Solo el 8 de abril, más de 300 personas murieron y más de 1.150 resultaron heridas tras intensos bombardeos en zonas densamente pobladas, incluida Beirut. Al mismo tiempo, el genocidio de Israel en la Franja de Gaza y en Cisjordania continúa, con poblaciones sometidas a violencia sistemática, destrucción de infraestructuras y una vulnerabilidad extrema.
Como destaca María Soler, coordinadora de Novact en el Mashreq: “Los equipos de NOVACT mantienen un contacto estrecho con aliados regionales en Irak, Siria, Palestina y Líbano. Lo que estamos escuchando es profundamente alarmante: una situación humanitaria que se deteriora rápidamente, marcada por la destrucción generalizada, el desplazamiento y el colapso de los servicios esenciales. Al mismo tiempo, nuestros aliados no solo piden más apoyo humanitario: exigen una acción política decidida. Lo tienen claro: mitigar el sufrimiento no es suficiente. Debe ponerse fin a la complicidad que permite crímenes de guerra y violaciones del derecho internacional. Este es un momento crítico para actuar y romper con estas dinámicas de una vez por todas.”
Europa: de la complicidad a la rendición de cuentas
La Unión Europea ya no puede esconderse tras expresiones de “profunda preocupación”. Como principal socio comercial de Israel y actor clave en el comercio global de armas, Europa no es un espectador, sino un facilitador activo —a través de sus vínculos económicos y su papel en el suministro y adquisición de armas de actores que actualmente cometen crímenes de guerra en Oriente Medio—. Como advierte el director de Novact, Luca Gervasoni Vila: “Durante décadas, los responsables de crímenes de guerra han tratado de negar su responsabilidad, alegando ignorancia o presentando las violaciones como errores no intencionados. Lo que ha cambiado hoy es mucho más alarmante: los gobiernos autoritarios ya no intentan justificar sus acciones dentro de marcos legales, sino que cada vez más desestiman, ridiculizan o desafían abiertamente las normas diseñadas para proteger a la población civil. Europa debe tomar ahora una decisión fundamental: o el derecho internacional sigue siendo un marco vinculante y exigible, o se convierte en una referencia vacía subordinada a la política de poder. Permitir que esta erosión continúe supondría aceptar el colapso de la protección civil como principio universal. Ha llegado el momento de poner fin a la complicidad.”
La fragilidad de las negociaciones actuales demuestra que “esperar y ver” es un riesgo que no podemos permitirnos. Hacemos un llamamiento a la Unión Europea para que:
- Condene públicamente todas las violaciones del derecho internacional, independientemente de quién las cometa, y exija el cese inmediato de todas las operaciones militares en curso.
- Suspenda de inmediato el Acuerdo de Asociación UE–Israel.
Imponga un embargo integral de armas a los Estados responsables de graves violaciones del derecho internacional humanitario. - Ponga fin al papel de Europa en la economía global de armas que alimenta los conflictos.
- Apoye activamente la desescalada regional por vías políticas y diplomáticas.
- Garantice la protección plena de la población civil y de las infraestructuras esenciales.
- Apoye procesos políticos inclusivos y basados en derechos.
- Reduzca su dependencia estructural de sistemas militarizados y basados en combustibles fósiles.
La democracia solo puede sobrevivir cuando la ciudadanía participa, se organiza y construye alternativas. Defender el derecho internacional y proteger a las personas más vulnerables no es una opción política: es una obligación legal y moral.
Europa debe tomar ahora una decisión clara: seguir facilitando la guerra y la impunidad, o defender los principios que dice representar.
La era de la complicidad debe terminar.
El momento de actuar es ahora.