Cuatro veranos después: el VitaCampus despide a una generación y da la bienvenida a la siguiente
Un grupo de jóvenes ha completado este verano su recorrido de cuatro años en el Programa Vitamina tras haber participado en todas las ediciones del VitaCampus celebradas en Batet de la Serra. Es una de las historias que deja esta nueva edición, marcada también por el refuerzo de las alianzas con iniciativas locales de La Garrotxa. Desde las primeras ediciones, más de 250 adolescentes y jóvenes han pasado por el VitaCampus.
Cuando el grupo de Besòs i el Maresme llegó este verano a Mas Comademont, en Batet de la Serra, no era la primera vez que pisaba aquellos prados volcánicos. Llegaba por cuarta vez. Cuatro años antes había inaugurado ese mismo espacio; ahora regresaba para cerrar su recorrido en el Programa Vitamina. Es el primer grupo que ha vivido de principio a fin todas las ediciones del VitaCampus celebradas en este lugar.
Del 30 de junio al 2 de julio, una treintena de adolescentes y jóvenes de los grupos Vitamina de Santa Coloma de Gramenet, Sant Adrià de Besòs y el barrio de Besòs i el Maresme (Barcelona) compartieron tres días de convivencia, aprendizaje y vida comunitaria en una nueva edición del VitaCampus, el encuentro que cada verano pone el broche final al curso del Programa Vitamina y que este año ha vuelto a contar con el apoyo de la Diputación de Girona.
La Batecada y el territorio como hilo conductor
Cada año, el VitaCampus propone un hilo conductor diferente. En 2026 ha sido La Batecada, un relato inspirado en la historia y el paisaje volcánico de La Garrotxa que ha servido para trabajar la cooperación, la toma de decisiones colectivas y el cuidado de las personas y del entorno.
La principal novedad de esta edición ha sido el refuerzo de las alianzas con iniciativas locales. Uno de los momentos más destacados fue el taller de construcción de cajas nido impartido por Roureda Mas Tarut, un proyecto impulsado por jóvenes de Olot dedicado a la restauración ecológica de los prados y robledales de La Garrotxa.
Mientras construían las cajas, los participantes también descubrieron cómo pequeñas acciones pueden contribuir a la biodiversidad y a la conservación del entorno. Una colaboración que abre la puerta a nuevas sinergias entre el Programa Vitamina e iniciativas del territorio.
Vínculos que perduran
Una de las singularidades del VitaCampus es que algunos de los jóvenes que participaron años atrás regresan como AlumniVita, acompañando a las nuevas generaciones durante la estancia. Su cercanía crea vínculos de confianza difíciles de conseguir de otra manera y es, probablemente, una de las mejores pruebas de que el programa deja huella.
Una de las cuatro jóvenes que han participado este año, vinculada a Vitamina desde hace casi una década, explicaba que volver al VitaCampus le había permitido «verse reflejada en otros participantes», darse cuenta de todo lo que había cambiado y sentirse «muy orgullosa» del camino recorrido.
La experiencia también deja huella en quienes participan por primera vez. Cuando se les pregunta qué se llevan del VitaCampus, las respuestas se parecen poco a una lista de actividades: hablan de «poder expresarme con libertad y sin miedo», de «conocer gente nueva», de hacer cosas que nunca habían hecho y de aprender el valor de la comunicación y el respeto.
Quizá esa sea la mejor forma de entender qué es el VitaCampus. Un lugar al que algunos jóvenes llegan por primera vez, otros cierran una etapa tras cuatro años y algunos deciden regresar tiempo después para acompañar a las nuevas generaciones. Un espacio donde crecer, construir comunidad y descubrir que la cooperación también se aprende viviéndola.







