Noticias 11/08/2026

Un año y 1.700 niños y niñas después: ¿qué está cambiando en los campos de la Hope League?

Hace un año, la Hope League preveía llegar a más de 600 niños y niñas en seis localidades de Siria y el Kurdistán iraquí. Hoy son 1.708. Pero los equipos educativos destacan otro dato, más difícil de contar: niños y niñas que se relacionan más, cooperan y aceptan mejor compartir equipo entre géneros y comunidades.

Planificaron escuelas de fútbol. Un año después, los equipos educativos hablan, sobre todo, de otra cosa.

En Tirbespiyê, en el noreste de Siria, Salma Ali recuerda que al principio los niños y niñas no se relacionaban como lo hacen ahora. Había dificultades para aceptar e interactuar con los demás, tanto entre niños y niñas como entre diferentes grupos de la comunidad. Doce meses después, observa que “se aceptan mucho más los unos a los otros” y que ha mejorado su capacidad para cooperar, trabajar en equipo y construir relaciones positivas.

En Raqqa, Louay Al-Ghadhban habla de nuevas amistades y relaciones sociales entre los participantes. Los niños y niñas, explica, han aprendido los fundamentos del fútbol, pero también aquello que el proyecto quería situar detrás de cada entrenamiento: “un propósito más amplio y significativo: la cohesión social”.

La Hope League comenzó en junio de 2025 con la idea de utilizar el fútbol para contribuir a reconstruir vínculos comunitarios en sociedades afectadas por años de conflicto. Un año después, la dimensión que ha alcanzado el proyecto supera ampliamente las previsiones iniciales.

En Raqqa, Kobane, Tirbespiyê y Al-Hasakah participan 1.325 niños y niñas. En Sulaymaniyah, en el Kurdistán iraquí, son 300 más y, en Erbil, 83. En total: 1.708 niños y niñas en seis academias y al menos 178 madres, padres y personas cuidadoras implicadas.

Pero quizá esta no sea la cifra que mejor explica lo que está ocurriendo.

Aprender a jugar con los demás

La Hope League no plantea el fútbol únicamente como una actividad deportiva. La metodología sitúa en el centro la cooperación, la igualdad, el trabajo colectivo y la resolución de conflictos. El partido es también un espacio donde relacionarse con otras personas, tomar decisiones conjuntamente y aprender a gestionar las diferencias.

En el campo de refugiados de Arbat, en Sulaymaniyah, Ainda Suleiman ha observado durante este primer año una evolución similar a la que describen los equipos sirios. Los chicos, explica, se relacionan mejor entre ellos; las chicas han adquirido habilidades y conocimientos sobre el juego. Y niños y niñas aceptan cada vez más compartir equipo.

“Juegan juntos y se entienden”, resume.

Son observaciones realizadas por los propios equipos que trabajan diariamente con los niños y niñas, no una evaluación de impacto a largo plazo. Pero que profesionales de diferentes academias identifiquen cambios similares permite empezar a ver qué puede ocurrir cuando la cooperación, y no solo la competición, entra en el campo de fútbol.

594 niñas han entrado en el terreno de juego

Un año de proyecto también deja datos que muestran los retos que siguen abiertos. De los 1.708 participantes, 594 son niñas y 1.114 son niños: aproximadamente una de cada tres participantes es una niña.

La fotografía, sin embargo, cambia mucho según el lugar. En Sulaymaniyah juegan 151 niñas y 149 niños, prácticamente en paridad. En Erbil son 19 niñas y 64 niños. En las cuatro academias de Siria participan 424 niñas y 901 niños.

Al mismo tiempo, tanto Salma Ali como Ainda Suleiman señalan como uno de los cambios de este primer año una mayor aceptación del juego compartido entre niños y niñas.

Los datos y los testimonios explican dos cosas a la vez: incorporar a las niñas al fútbol sigue siendo un reto, pero el propio campo puede convertirse en un lugar donde empezar a cuestionar algunas de las barreras que dificultan que niños y niñas jueguen juntos.

Cuando el reto es poder seguir jugando

Este verano hay un obstáculo mucho menos abstracto: el calor extremo.

En Tirbespiyê, las sesiones se realizan en campos al aire libre y las altas temperaturas dificultan que los niños y niñas completen los entrenamientos con comodidad. También complican el trabajo de los equipos educativos y del voluntariado. Ainda Suleiman describe dificultades similares durante las sesiones de verano en Sulaymaniyah.

A pesar de ello, las actividades continúan.

La Hope League todavía tiene recorrido hasta diciembre de 2026. El proyecto fue concebido como un piloto para desarrollar un modelo de intervención a través del deporte aplicable en contextos afectados por conflictos armados. NOVACT lidera la incorporación de los enfoques de derechos humanos, noviolencia y género.

El proyecto se impulsa junto con la Fundació Barça, la Escola de Futbol La Caserna, Un Ponte Per, DOZ International, IDare y Casa Nostra Casa Vostra, con el apoyo de la Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament.

La evaluación final permitirá analizar hasta dónde han llegado los cambios. De momento, un año después, hay dos fotografías. Una es fácil de contar: 1.708 niños y niñas, casi tres veces la previsión inicial. La otra lo es menos: equipos educativos de diferentes ciudades que explican que los niños y niñas cooperan más, construyen nuevas relaciones y aceptan mejor jugar juntos.

En un proyecto que nació para explorar cómo se pueden reconstruir vínculos después de la guerra, probablemente es aquí donde empieza la parte más interesante.

*Foto de portada: Patricia Simón.